Exposición fotográfica

BOSNIA: MÁS ALLÁ DEL CLICHE DE GUERRA

¿Qué es lo primero que te viene a la mente al escuchar Sarajevo? Tras un arsenal de clichés que se remontan a una guerra que cesó hace ya 25 años,  se esconde  un microcosmos, de alguna manera aislado, por un saco de prejuicios e inopia generalizada. 

Esta joya perteneciente a la antigua Yugoslavia es hoy, una amalgama de etnias, religiones, estilos arquitectónicos y vanguardias contemporáneas en la que conviven en perfecta armonía musulmanes, judíos, católicos y cristianos ortodoxos.

Estas fotografías pretenden reflejar la fortuna de mi ser en mitad de este paraíso de colinas de color verde veronés, casas alpinas, chimeneas de ladrillo, aroma a té moruno, cantos de gallinas y susurro de mezquita.

-Mamá, no quiero más selfies sobre el puente de Mostar.
En Sarajevo la vida se vive en la calle. Los posos del café bosnio se saborean con tranquilidad y las tertulias de amigos las componen todo tipo de culturas, razas y religiones.
¿Dónde estabas en el 93? Yo tenía 2 años. Mientras, en Bosnia morían niños de mi edad a golpe de metralleta día tras día. Otros veían como la milicia bosnia o serbia violaba a sus madres; o como su padre era sacado de casa para no volver jamás. Es imposible olvidar un genocidio cuando lo has vivido en tu propia piel. Tanto como borrar una inscripción tallada sobre piedra.
Estas paredes de yeso han visto la cara más atroz de la guerra, la han soportado estoicamente y hoy albergan la huella histórica de Sarajevo.
Pese a su pose modesta. Ella podría haber sido la Miss Sarajevo, a la que U2 dedicó una canción en 1995.
Joven ataviada a la última en la puerta de una mezquita de Sarajevo.
Sarajevo se llenó de gloria en los Juegos Olímpicos de 1984. Hoy, algunas de sus construcciones aún están en pie y siguen siendo el orgullo del pueblo bosnio.
Ella bosniaca (o lo que es lo mismo: bosnio- musulmana) ; él ateo.
Adnan vende la fruta más fresca de la calle colindante al mercado central de Sarajevo. El incesante humo de su cigarro y el tatuaje de su brazo izquierdo dejan entrever el lado canalla de este patriarca que asegura haberlo vivido todo.
Vendedor de prensa ambulante en las calles de Sarajevo.
En Sarajevo no todo son ruinas, ni fachadas con agujeros.
Escena costumbrista de una mañana de de estío en Baščaršija
Así inmortalicé a Edin una tarde de sábado junto a su casa de los extrarradios de Mostar. Uno de esos barrios presididos por grandes monstruos del funcionalismo arquitectónico soviético.
Ortodoxia chic. Mujer bosnia perteneciente a la corriente Ortodoxa Oriental preparándose para la liturgia dominical.
Niños bosniacos a la entrada de una mezquita.
Lejla vende productos de su huerta y sorprende a los viandantes con una sonrisa que no entiende de idiomas.
Toda ciudad que se precie ha de tener tranvía.
Made in Bosnia. mercado de Markale en Sarajevo

¿Te gustaría hacerme una propuesta fotográfica?

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BOSNIA: MÁS ALLÁ DEL CLICHE DE GUERRA

¿Qué es lo primero que te viene a la mente al escuchar Sarajevo? Tras un arsenal de clichés que se remontan a una guerra que cesó hace ya 25 años,  se esconde  un microcosmos, de alguna manera aislado, por un saco de prejuicios e inopia generalizada. 

Esta joya perteneciente a la antigua Yugoslavia es hoy, una amalgama de etnias, religiones, estilos arquitectónicos y vanguardias contemporáneas en la que conviven en perfecta armonía musulmanes, judíos, católicos y cristianos ortodoxos.

Estas fotografías pretenden reflejar la fortuna de mi ser en mitad de este paraíso de colinas de color verde veronés, casas alpinas, chimeneas de ladrillo, aroma a té moruno, cantos de gallinas y susurro de mezquita.

-Mamá, no quiero más selfies sobre el puente de Mostar.
En Sarajevo la vida se vive en la calle. Los posos del café bosnio se saborean con tranquilidad y las tertulias de amigos las componen todo tipo de culturas, razas y religiones.
¿Dónde estabas en el 93? Yo tenía 2 años. Mientras, en Bosnia morían niños de mi edad a golpe de metralleta día tras día. Otros veían como la milicia bosnia o serbia violaba a sus madres; o como su padre era sacado de casa para no volver jamás. Es imposible olvidar un genocidio cuando lo has vivido en tu propia piel. Tanto como borrar una inscripción tallada sobre piedra.
Estas paredes de yeso han visto la cara más atroz de la guerra, la han soportado estoicamente y hoy albergan la huella histórica de Sarajevo.
Pese a su pose modesta. Ella podría haber sido la Miss Sarajevo, a la que U2 dedicó una canción en 1995.
Joven ataviada a la última en la puerta de una mezquita de Sarajevo.
Sarajevo se llenó de gloria en los Juegos Olímpicos de 1984. Hoy, algunas de sus construcciones aún están en pie y siguen siendo el orgullo del pueblo bosnio.
Ella bosniaca (o lo que es lo mismo: bosnio- musulmana) ; él ateo.
Adnan vende la fruta más fresca de la calle colindante al mercado central de Sarajevo. El incesante humo de su cigarro y el tatuaje de su brazo izquierdo dejan entrever el lado canalla de este patriarca que asegura haberlo vivido todo.
Vendedor de prensa ambulante en las calles de Sarajevo.
En Sarajevo no todo son ruinas, ni fachadas con agujeros.
Escena costumbrista de una mañana de de estío en Baščaršija
Así inmortalicé a Edin una tarde de sábado junto a su casa de los extrarradios de Mostar. Uno de esos barrios presididos por grandes monstruos del funcionalismo arquitectónico soviético.
Ortodoxia chic. Mujer bosnia perteneciente a la corriente Ortodoxa Oriental preparándose para la liturgia dominical.
Niños bosniacos a la entrada de una mezquita.
Lejla vende productos de su huerta y sorprende a los viandantes con una sonrisa que no entiende de idiomas.
Toda ciudad que se precie ha de tener tranvía.
Made in Bosnia. mercado de Markale en Sarajevo

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