De porcelana inglesa, arrugas y fracaso.

Trato de recordar pero no recuerdo nada. A veces tan sólo tres o cuatro migajas; un pequeño extracto de lo que fui, de lo que fuimos. 

El tiempo no juega a mi favor, por primera vez siento que envejezco, y el hecho de no llevar mi vida por los raíles de mis enrevesados paradigmas, hace que piense en ELLOS. También por primera vez en mi vida, la palabra fracaso comienza a brotar de entre mis entrañas, para acabar vomitándola en cada indigesta comida servida en esa vajilla de porcelana inglesa de J. Broadhurst.  Sus escenas bucólicas de carruajes y casitas en el bosque británico llevan tanto tiempo acompañando mis comidas, que ya, ni me fijo en ellas. Recuerdo como de pequeña jugaba a alimentar a los refinados personajes que aparecen en ella. Ahora son sólo una pieza más de la cadena rutinaria. Aunque pensándolo bien: ¡Qué coño! ¿Es que a los ceramistas ingleses no les enseñaron eso de ‘menos es más’?.

Todas las familias felices -y no, no voy a continuar parafraseando a Tolstoi en su Ana Karenina- tienen un juego de vajilla de cerámica, o al menos, aquí en Occidente. Hace años se convirtieron en un símbolo de bienestar, avalado por un hogar ‘de bien’. Daba igual que no hubiera con qué llenar las escenas de cacería que engalanaban cada base del plato; reflejo del quiero y no puedo de este país. Ya lo decía el Lazarillo de Tormes con aquel hidalgo venido a menos: da igual que en casa no tengas ni para llenar el buche porque tu condición noble no te permita trabajar, lo importante es que de casa para fuera des la imagen de un distinguido aristócrata. ¡Ay las apariencias! Que poco hemos cambiado. Y vuelvo a la trivial vajilla. El ajuar que cada madre entrega a su hija esperando que sirva como un perfecto marco de presentación ante el joven con el que se ha comprometido, y que poco a poco, acabará sumiéndola en una relación servicial. ¿Qué más da? Si lo único que importa es que el marido encuentre en su plato un motivo para seguir a su lado. Eso a ella le hace feliz. Su vida se basa en satisfacer las necesidades de su consorte, y aunque resulte insólito, no lo hace de manera obligada, sino que más bien, lo hace de una manera tan repulsivamente altruista, que, hasta acaba por parecer enternecedora. Lo que otras satisfacen con unos buenos resultados empresariales, o un retiro de yoga, ella lo hace agasajándole a él. 

Cuando se trata de llenar vacíos el ser humano puede estar tan ciego que hasta acaba por crear una burbuja en la que todos sus agujeros se llenen de optimismo y esperanza con el mero hecho de (sobre)atender a otro ser, como si le fuera la vida en ello. Y no, no es una cuestión de amor profundo.Resulta frustrante que no haya manera de salvarla; que crea que su destino gira en torno a esa vitrocerámica, y que no haya nada más allá.Cuándo le cuestiono, parece feliz. Pero basta ocasionar un pequeño caos que altere esa ‘perfecta’ vajilla de porcelana inglesa para que todo su statu quo salte en trocitos. 

Cuando has sido testigo de esa mediocridad enmascarada en vida durante, casi toda tu existencia, supongo que puedes adoptar dos posturas: 

a) Ser un estribo más del entramado familiar. O lo que viene siendo soñar con la boda ideal desde que eres una cría, conocer a un chico de tu ciudad, enamorarte perdidamente sin que haya lugar para demasiadas cuestiones; empezar a fantasear con el nombre de vuestros futuros hijos, amarrar vuestro amor a una hipoteca, y el resto de la historia, aunque pueda tener variaciones -que no quiero ser tachada de blanconegrismo-  me da tanta pereza que, espero, os hagáis una idea del argumento.

b) También es posible que adoptes una postura totalmente contraria. Y que todo lo que venga de la mano de convencional o tradicional te cause una alergia tan grande que no haya dosis de Cortisona en el mundo capaz de paliarla. 

Que elijas el inconformismo como forma de vida y no conozcas varón que cumpla tus expectativas. Cuidado, porque ante la falta de un referente familiar a seguir, y tras haber crecido en un marco tan contrario a ti, puedes sumirte en una vorágine existencial un tanto chunga. Esto se acentúa cuando no te han dotado de herramientas para una vida independiente y un tanto nihilista.

4 pensiamientos en “De porcelana inglesa, arrugas y fracaso.

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