Sección de libros de autoayuda

February 12, 2017

De pequeña jugaba a reinventarme en las camaleónicas formas de las nubes. Pese a la imaginación propia de la infancia, solían mutar en algo tan común en la arquitectura nubilosa como son los animales.

Hoy, la espuma que se escurre por las paredes de mi copa de cerveza logra abstraerme de manera similar. Menuda elucubración, pensaréis. Un guepardo se diluye entre el líquido color ambar: muta hasta transformarse en un afable pez raya. Y sin meditación previa acabo de toparme con un hallazgo metafísico que acapara artículos de autoayuda y epitafios de desarrollo personal: cambiar, adaptarse a las circunstancias, salir de la zona de confort… ¿No están hartos de leer estas expresiones hasta la saciedad?

He aquí los grandes paradigmas que asustan y taladran a la humanidad. Todo, resumido en una copa de cerveza. Y con esto no pretendo hacer una oda al elixir del jugo de cebada. Sino más bien atenuar el prestigio que generan ciertos personajes, como los ya citados previamente.

Parece ser la nueva moda en best sellers de autoayuda. Desde Mr Wonderful hasta Eduardo Punset tienen licencia para dictaminarlas a modo de Fast Prozac.

Dicen que el ser humano es el único ser que tropieza dos veces con la misma piedra. Y así es. Sabios son los dichos, y acaban por acercarse a la cura de nuestros males, más que los vacíos y repetitivos discursos  que lanzan semejantes individuos elevados a niveles de pensadores. Y es que el antídoto no se encuentra en teorías, ni en frases talladas en tazas.  Por muchos libros de autoayuda y desarrollo personal que leamos, estos son sólo una gota de esperanza cuando el desasosiego pesa más que nuestra sombra.

En lo empírico, en el caer y recaer está el meollo de tantas cuestiones bañadas en folosofía barata.  Y es que por mucho que trates de meterte entre pecho y espalda a Eduardo Punset -y similares- como si se tratara de la Torá  en el judaísmo más ortodoxo, al final toda su ‘sabiduría’ se quedará atrapada entre las tapas del tomo. Que sí, que ya lo decía mi abuela: de los errores se aprende. Y que razón tiene.

Quizás por eso deberíamos dejar de sobrevalorar a todos estos ‘pensadores’ del s. XXI, que vienen a ser al mundo de la asertividad lo mismo que los tags de los youtubers al mundo (mundial).

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